El cuento de un relato de unas historias de Sevilla...
Desde niño siempre me han fascinado las historias. Mi hermana, mi madre y yo nos sentábamos en un banco en el centro comercial local, con un helado o unos “pretzels” dulces, y para cada persona que pasó, fabricamos un cuento de quién era, de dónde vino, de cuál era su animal favorito, de qué estaba pensando, de por qué pasó por las tiendas y aún de cómo sonaba su voz. Era un chico que se preguntaba sobre todas cosas, siempre con una cara pensativa y una mente abierta, y aunque he crecido en la altura, nunca me voy a quitar este espíritu infantil. Mi mente alimenta con visualizar y imaginar, pues mis amigos entienden hoy en día que necesitan estar dispuesto con un retrato cada vez que nos reunimos para cuando yo se lo pida.
¿Sabías que el escultor famoso quien esculpió el arte en la pared de atrás del ayuntamiento murió por hacerlo con bastante detalle? ¿Y, por eso, que desde la izquierda a la derecha se disminuyen las complejidades hasta el punto en que solamente se queda una pared desnuda que muestra el retrato del ascensión y la caída de España durante el Siglo de Oro? O, ¿sabías que los musulmanes lo llamaron “Triana” porque cuando vieron el delta del Río Guadalquivir—o el Río Betis—asumieron que había tres ríos (¿TRIana?)? Interesante, ¿no? Tampoco lo sabía antes. ¡Así que sea fácil andar ignorantemente por las historias sin darse cuenta!
En eso planeo enfocar para el blog durante mi estancia en Sevilla, siguiendo la actitud apasionada de Eduardo del Campo quien nos habló hoy con el mensaje de que si tomas la iniciativa, las historias potenciales te van a esperar, dispuestos para contar sin palabras grandiosas ni un ensayo largo desde un libro de referencia para las clases de la universidad. Como supimos con el primer proyecto, cada persona tiene su propia historia, algo simple pero profundo, algo que evoca una sonrisa o una risita o un ceño o una sensación de poder, inspiración y progreso al futuro por reflejar en el pasado. Cada objeto tiene una historia, cada persona por la calle sin hogar la tiene, cada estación de autobuses la tiene, cada piedra del ayuntamiento la tiene, cada campaña de la Giralda la tiene, cada árbol en el Plaza Nueva la tiene, cada foto la tiene, cada palabra la tiene y por cierto cada estudiante extranjera la tiene. Sólo hay que cogerla desde los brazos, las manos y el corazón de la tierra.
Aún en mi propio pueblo de alrededor de 5.000 personas invento o descubro una historia nueva ¿Pues qué pasa cuando se emplaza un chico estadounidense con la imaginación y la sonrisa constante de un niñito dentro de una ciudad con más que dos milenios de edad y que está a punto de contar su historia? Como proclama mi blog, “vamos a ver,” pero sobre todo supongo que será interesante. Por eso yo espero, animado para ver lo que ella me ofrece en cada momento, con los ojos de un niño y el bolígrafo de un hombre listo para oír el cuento de un relato de unas historias de Sevilla.

Tyler, qué entrada bonita! Y me di cuenta que usaste algunos hechos históricos que aprendimos de Ángel.
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