
domingo, 28 de marzo de 2010
Ineludible

lunes, 22 de marzo de 2010
Los instintos humanos se quedan entre culturas
Una de las historias que a mí me encanta bastante es la historia inherente de la lengua, es decir la etimología, o la formación de las palabras sobre el paisaje de tiempo. Además, me gusta descubrir conexiones entre dos o más culturas en que ciertas palabras han crecido entre distintas palabras pero de la misma raíz. Es uno de los ejemplos de cuan diferente son las culturas, aun tan similar. Por ejemplo, la palabra desayunar es casi igual a “breakfast.” ¿Qué? ¿No se parece iguales? Pues, ayunar es sostener sin comer, ¿sí? Y el prefijo “des” significa que hay un cambio, el opuesto o quizás hacer contra de que sigue después. En este caso es como, cuando se despierta y se empieza el día, comer rompe el ayuno de la noche, la ausencia de comida sobre la noche. Es interesante que se quede con la misma estructura en inglés, también, que la primera comida del día rompe el tiempo en que no se ha comido. Quizás viene de influencia religiosa, no estoy seguro, sobre todo es simple pero lo mismo en ambas idiomas.

Además, como esta historia de una palabra, también tienen las historias unas canciones, especialmente cuando se aparece en culturas múltiples. Por ejemplo, estaba hablando con unos amigos de Corea, Alemania y de acá en España también, y nos dio cuenta de que aunque la letra se cambia en cada idioma, la melodía de la canción para un cumpleaños queda lo mismo. Después de investigarlo un poquito, encontré por el internet que la leyenda de la melodía (es decir que pueda ser la verdad y pueda ser algo fabricado, pero asumamos que sea la verdad) viene de dos hermanas, maestras desde Louisville, Kentucky al fin del siglo XIX. Lo que pasó es que ellas quisieron hacer una canción para comenzar cada día con sus estudiantes sonriéndose y se llamaba originalmente “Good Morning to All,” o “Buenos días a todos” en la traducción española. Como el resto de las cosas populares en este mundo, eventualmente convirtió en algo patentado, pero al principio solamente era una manera de hacer que unos niños se sonrían, y hasta ahora, lo hace también a niños de todas edades y todas gentes. (a ver:
Venga, así que veas la historia menos publicado en libros, cosas que existen en nuestras vidas diarias sin merecer generalmente la esfuerza de pensar en lo o investigarlo. En esta manera, durante mi estancia todavía aquí, he enamorado del programa televisor, “Perdidos en la tribu.” Me fascinan sus maneras de vivir tan simples, especialmente en un mundo en que podemos enviar a tres familias y mucha gente para grabar lo que pasa en las cámaras. Cada tribu tiene sus propias tradiciones y bailes y formas de comunicar y vestirse y vivir en general, pero lo que me asombra es que se utilizan los mismos signos de lengua corporal de nosotros en los EEUU y también aquí, más o menos. Claro que hay unos propios porque cada cultura ve distintamente del mundo (por ejemplo, en una de las tribus, se finaliza el matrimonio por consumar la virgen con su marido nuevo después de casarse, entonces su signo para casar es poner un dedo dentro de un agujero en la otra mano—entiendes). Sin embargo, signos para las cosas universales como “parar” y “comer” y “venir” y “estar de acuerda” son iguales en las dos idiomas y culturas; también aún dar unos abrazos y besos para mostrar la afección y felicidad. La persona común lo miraría sin importarle, pero a mí me fascina, porque me pregunto si hay una historia sobre de donde vienen estos instintos humanos. Todo tiene una historia.
miércoles, 17 de marzo de 2010
El cuento de un retrato de unas historias de Sevilla...
El cuento de un relato de unas historias de Sevilla...
Desde niño siempre me han fascinado las historias. Mi hermana, mi madre y yo nos sentábamos en un banco en el centro comercial local, con un helado o unos “pretzels” dulces, y para cada persona que pasó, fabricamos un cuento de quién era, de dónde vino, de cuál era su animal favorito, de qué estaba pensando, de por qué pasó por las tiendas y aún de cómo sonaba su voz. Era un chico que se preguntaba sobre todas cosas, siempre con una cara pensativa y una mente abierta, y aunque he crecido en la altura, nunca me voy a quitar este espíritu infantil. Mi mente alimenta con visualizar y imaginar, pues mis amigos entienden hoy en día que necesitan estar dispuesto con un retrato cada vez que nos reunimos para cuando yo se lo pida.
¿Sabías que el escultor famoso quien esculpió el arte en la pared de atrás del ayuntamiento murió por hacerlo con bastante detalle? ¿Y, por eso, que desde la izquierda a la derecha se disminuyen las complejidades hasta el punto en que solamente se queda una pared desnuda que muestra el retrato del ascensión y la caída de España durante el Siglo de Oro? O, ¿sabías que los musulmanes lo llamaron “Triana” porque cuando vieron el delta del Río Guadalquivir—o el Río Betis—asumieron que había tres ríos (¿TRIana?)? Interesante, ¿no? Tampoco lo sabía antes. ¡Así que sea fácil andar ignorantemente por las historias sin darse cuenta!
En eso planeo enfocar para el blog durante mi estancia en Sevilla, siguiendo la actitud apasionada de Eduardo del Campo quien nos habló hoy con el mensaje de que si tomas la iniciativa, las historias potenciales te van a esperar, dispuestos para contar sin palabras grandiosas ni un ensayo largo desde un libro de referencia para las clases de la universidad. Como supimos con el primer proyecto, cada persona tiene su propia historia, algo simple pero profundo, algo que evoca una sonrisa o una risita o un ceño o una sensación de poder, inspiración y progreso al futuro por reflejar en el pasado. Cada objeto tiene una historia, cada persona por la calle sin hogar la tiene, cada estación de autobuses la tiene, cada piedra del ayuntamiento la tiene, cada campaña de la Giralda la tiene, cada árbol en el Plaza Nueva la tiene, cada foto la tiene, cada palabra la tiene y por cierto cada estudiante extranjera la tiene. Sólo hay que cogerla desde los brazos, las manos y el corazón de la tierra.
Aún en mi propio pueblo de alrededor de 5.000 personas invento o descubro una historia nueva ¿Pues qué pasa cuando se emplaza un chico estadounidense con la imaginación y la sonrisa constante de un niñito dentro de una ciudad con más que dos milenios de edad y que está a punto de contar su historia? Como proclama mi blog, “vamos a ver,” pero sobre todo supongo que será interesante. Por eso yo espero, animado para ver lo que ella me ofrece en cada momento, con los ojos de un niño y el bolígrafo de un hombre listo para oír el cuento de un relato de unas historias de Sevilla.
martes, 16 de marzo de 2010
Se ve o se vive
Se dice que cada español se acuerda de dónde estaba cuando averiguó que había muerto Francisco Franco Bahamonde el 20 de noviembre de 1975. Sin embargo, para Concepción Cruz Trave significó algo más personal que el cambio histórico de una época manchada. “Se ve o se vive,” ella explica, u observando desde afuera o identificando con su patria. Averiguó con su mamá en Triana desde la radio. “Todo el país suspiró aliviado juntos,” no solamente porque comenzó un futuro sin dictadura, sino que terminó un pasado pesado.
Ella tenía desde su niñez una buena relación con su abuela Pilar, quedándose a veces en su casa en Córdoba dónde oía historias felices desde antes de 1936 y rencorosas a partir de aquel año. Fue la Guerra Civil Española que la arruinó, en que “españoles se mataron y en mi familia hermanos se lucharon.” De hecho, cuatro de los nueve hijos de Pilar se metieron en la guerra, dos con el lado derecha del Bando Nacional y dos con el lado izquierda del Bando Republicano.
“En todo le culpaba a Franco,” dice Concepción sobre su querida abuelita, por incitar ese movimiento radical. Ella asociaba todo que resultó luego con él—la muerte de su hijo Paco por las manos de un vecino, el distanciamiento de su familia, y el fracaso de su fábrica de mosaicos. Bajo Franco, creía ella que no existiera el gozo.
Para Concepción, al recordar este día se evocan imágenes de su pasado de sentirse las noticias en una mezcla de esperanza para su patria y más que nada la nostalgia y el amor familiar. En esta fecha en la historia, empezó a pensar en su abuela recién fallecida cuya alma pudiera descansar en paz al saber que acabó la época de Franco. Así se ve la muerte de Franco como un cambio político, pero se vive como una vida sin la opresión de opinar, sin matarse a manos de hermanos.
